IGLESIA CATÓLICA
La entrega total a una persona: por qué la Iglesia reivindica la monogamia, en tiempos de diversidad de uniones

Escrito por Redacción 4DIARIO

marzo 6, 2026

El Pbro. Dr. José Juan García analiza el documento "Una Carne; elogio de la monogamia", publicado el pasado 25 de noviembre por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

“Una carne: elogio de la monogamia”

 Pbro. Dr. José Juan García

El documento publicado el pasado 25 de noviembre por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe se titula «Una carne. Elogio de la monogamia». Se centra en la pertenencia mutua de los cónyuges y las raíces teológicas de este vínculo.

En una sociedad que exalta la libertad personal como valor supremo, donde el poder tecnológico nos hace creer que es una criatura «sin límites», a veces degradando el amor entendido como la entrega total de uno mismo a una sola persona, la Iglesia interviene de manera proactiva, fomentando el redescubrimiento de la belleza de un sentimiento que lleva a la elección de «una unión de amor única y exclusiva, una pertenencia mutua rica y abarcante». Es la unión de hombre y mujer que se prometen fidelidad para siempre. Este es el significado de «Una carne…», amplia nota doctrinal dirigida a la «Iglesia Universal», y aprobada por el Papa León XIV el 21 de noviembre.  

El documento no solo reafirma la doctrina del matrimonio, sino que la enriquece al explorar  aspectos de la reciprocidad y la exclusividad, fundamento de la indisolubilidad, cuya piedra angular es la unidad. «Una caro», traducido del latín, significa «una sola carne», un concepto bíblico y teológico que establece la monogamia al definir la unión específica, exclusiva e indisoluble entre marido y mujer, querida por Dios. 

La expresión “una sola carne”, se encuentra en el Génesis y en los Evangelios de Marcos y Mateo. Jesús la menciona para enfatizar que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido, destacando la unión de ambos como una sola entidad. Basándose en la S, Escritura, las intervenciones magisteriales, la filosofía y la poesía, el texto ofrece una reflexión en un momento histórico en el que «diversas formas públicas de uniones no monógamas —a veces llamadas poliamor— están en auge en Occidente». El “poliamor” es –lo admitamos-una forma de degradación del amor.

El Elogio se centra entonces en la riqueza de la unión de amor, elaborada por Padres de la Iglesia como San Agustín, quien ofrece una impactante imagen de la unión, describiendo a los esposos como quienes caminan «uno junto al otro», con la mirada puesta en «la misma meta», reconociendo el matrimonio como el «primer vínculo natural de la sociedad humana». El texto continúa demostrando la amplitud del consenso teológico sobre la monogamia, citando el pensamiento teológico y pastoral de grandes santos, como San Juan Crisóstomo, San Buenaventura, San Alfonso María de Ligorio, e incluso teólogos y filósofos más recientes como Hans Urs von Balthasar y Dietrich von Hildebrand. Para demostrar que el amor monógamo no es una verdad inscrita únicamente en la fe, sino una verdad humana y universal, el texto también explora el valor del amor exclusivo a través del lenguaje poético de Eugenio Montale, Pablo Neruda y Tagore. 

La Nota Doctrinal dedica amplio espacio a la importancia de la «caridad conyugal», como la describe el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica «Amoris Laetitia», porque «solo así es posible mantener la fidelidad en tiempos de adversidad o tentación, porque la caridad nos mantiene apegados a un valor superior a la satisfacción de las necesidades personales «. 

En los párrafos finales, el documento enfatiza la propiedad de la unidad, colocada en una posición jerárquica con respecto a la indisolubilidad. El Documento aclara que «la unidad es la propiedad fundacional. Por un lado, porque la indisolubilidad deriva como característica de una unión única y exclusiva. Por otro, porque la unidad-unión, aceptada y vivida con todas sus consecuencias, hace posible la permanencia y la fidelidad que exige la indisolubilidad. De hecho, varios documentos magisteriales han descrito la unión matrimonial simplemente como ‘unidad indisoluble ‘». 

Finalmente, se nos exhorta al crecimiento constante del amor, un llamado a nunca dar por sentada la unión matrimonial. No es solo una realidad que debe comprenderse cada vez más en su sentido más bello, sino también una realidad dinámica, llamada a un desarrollo continuo. Renovar el “Sí” primero es reestrenar el corazón.