Escrito por Redacción 4DIARIO
agosto 25, 2026
En el marco del Día del Peluquero, Juan “Juancito” Aguilera compartió un emotivo testimonio sobre una profesión que, según asegura, le regaló mucho más que un trabajo: le permitió construir amistades, escuchar historias y convertirse en una figura entrañable para generaciones de sanjuaninos.
Con décadas detrás de la silla y las tijeras, Aguilera aprovechó la fecha para enviar un saludo especial a sus colegas y agradecer el cariño de una clientela que lo acompaña desde hace años.
“Gracias a Dios es un día muy importante. Quiero saludar a todos mis queridos amigos y colegas y desearles que la estén pasando muy bien”, expresó.
Un oficio que heredó de su familia
La historia de Juancito con la peluquería comenzó mucho antes de abrir su propio espacio. Según contó, el oficio llegó de la mano de su familia y fue su primo Manuel quien le enseñó los secretos del corte tradicional.
“Vengo con la tradición de mi abuelo, mi primo y mi tío. A ellos les debo todo”, recordó.
Fiel a la escuela clásica, asegura que su sello sigue siendo el trabajo artesanal: tijera, un poco de navaja y mucha paciencia.
La peluquería, un lugar donde también se escuchan historias
Para Aguilera, una peluquería nunca fue solamente un lugar para cortarse el pelo. Con el paso de los años entendió que muchos clientes también llegan en busca de una conversación o simplemente de alguien que los escuche.
“Nosotros tenemos que ser como el cura, el confesor. No podemos divulgar lo que nos cuentan”, afirmó, al describir la confianza que se construye entre peluquero y cliente.
Ese vínculo hizo que personas de distintos puntos de la provincia sigan eligiéndolo para cada corte.
El sueño de seguir trabajando
Durante la entrevista también dedicó unas palabras a su familia, a la que considera fundamental en todo su recorrido profesional.
“Sin ellos no hubiera hecho nada”, dijo emocionado.
Y, fiel a su espíritu optimista, compartió la promesa que alguna vez le hizo a su nieto: seguir atendiendo hasta cumplir los 101 años.
Con humildad y gratitud, Juancito resumió el sentimiento que lo acompaña después de toda una vida de trabajo: “¿Qué más puedo pedir? Todo me lo dio este oficio”.







